31.08.2004
"De sueños y despertares"
Apenas llevo un mes en este rincón. No conozco los usos, cuando hay que barrer, o escardar, regar, cambiar las cortinas, echar agua a los geranios. Me arreglo como mejor puedo. Estoy encantado. Para recuperarme de la emoción y del trabajo de todo el año, me voy a Cádiz (maravilla de sus gentes, sus ciudades, maravilla de país) de vacaciones. Salgo mañana, pero volveré. Tú ten paciencia y lee (gracias). A la vuelta te cuento, otro cuento
Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento, el momento en que el hombre sabe para siempre quién es. (Borges)
Reciclado
La primera vez en que nos acostamos me sujetó las manos por encima de la cabeza. Me gustó. El me gustaba. Era hosco, en una forma que se me antojaba romántica; era gracioso, brillante, tenía una conversación interesante; y me daba placer.
La segunda vez, recogió mi foulard del suelo, donde yo lo había tirado al desnudarme, sonrió y dijo:
-¿Me dejas que te vende los ojos?
Nunca me habían vendado los ojos en la cama, y me gustó. El me gustó mas aún que la primera noche y, después, mientras me lavaba los dientes, no podía dejar de sonreír: Había encontrado a un amante extraordinariamente habilidoso.
La tercera vez, me puso repetidamente a punto de correrme. Cuando estaba por enésima vez dispuesta a estallar, volvió a detenerse; oí mi voz incorporal suplicándole que siguiera. Me contentó. Estaba empezando a enamorarme.
La cuarta vez, cuando estaba lo bastante excitada como para perder el mundo de vista, empleó el mismo foulard para maniatarme. Aquella mañana, me había mandado trece rosas a la oficina.
(Elizabeth McNeill. Nueve semanas y media.)

Balsamico
Una vieja canción
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